VigilancIA Invisible

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Claro, aquí tienes algunas sugerencias de la información que me has pedido sobre tu próximo examen… Que acostumbrados estamos los jovenes a conversar con nuestro querido ChatGPT.

Cada mañana, antes incluso de hablar con otra persona, millones de ciudadanos ya han interactuado con la inteligencia artificial. El móvil se desbloquea con reconocimiento facial, una app decide la ruta más rápida al trabajo y las redes sociales seleccionan qué noticias, videos y anuncios merecen nuestra atención. Nada de esto es casual. Detrás hay sistemas de IA que observan, analizan y predicen nuestro comportamiento con una precisión inquietante.

La inteligencia artificial ya no solo nos asiste: nos dirige.

Según estimaciones del sector tecnológico, una persona promedio genera miles de datos diarios sin darse cuenta. Tiempo de visualización, ubicación, pulsaciones de pantalla, tono de voz, rostro, gustos, rutinas, horas de sueño. Todo es registrado, procesado y convertido en perfiles digitales extremadamente detallados. Estos perfiles no solo describen quién eres, sino qué harás, qué comprarás y qué pensarás después.

El caso de TikTok es uno de los más reveladores. Su algoritmo es considerado uno de los más sofisticados del mundo. En cuestión de minutos puede identificar la edad aproximada del usuario, sus intereses emocionales, inclinaciones políticas, estado de ánimo e incluso momentos de vulnerabilidad. No necesita que escribas nada: basta con cuánto tiempo miras un video o si lo repites. La IA aprende más rápido que tú mismo.

Instagram no se queda atrás. Su sistema de inteligencia artificial analiza fotografías mediante reconocimiento facial, identifica objetos, lugares y personas, y cruza esa información con tus mensajes privados, búsquedas y compras. El resultado es un flujo de contenido diseñado no para informarte, sino para retenerte, influirte y moldear tus decisiones. Lo que ves no es la realidad: es una versión calculada para ti.

El problema no es solo la publicidad. La verdadera amenaza es el control invisible. La IA decide qué temas se vuelven virales, qué opiniones se amplifican y cuáles desaparecen. Decide qué cuerpos son más visibles, qué estilos de vida parecen deseables y qué ideas quedan relegadas. Todo sin votación, sin debate público y sin transparencia.

Mientras tanto, la privacidad se diluye. Muchos usuarios aceptan términos y condiciones sin leerlos, entregando datos que pueden almacenarse durante años y compartirse con terceros. Filtraciones masivas y escándalos de uso indebido han demostrado que esta información no siempre está segura. Una vez que tus datos existen, ya no te pertenecen del todo.

La inteligencia artificial no duerme, no olvida y no deja de observar. Aprende constantemente de ti, incluso cuando crees que solo estás “perdiendo el tiempo” en el teléfono. La gran pregunta ya no es si la IA está presente en nuestras vidas, sino quién tiene el control: el ser humano o el algoritmo.

Y quizá lo más alarmante es esto: mientras lees este artículo, alguna inteligencia artificial ya está decidiendo qué verás después

Armando Bolívar Navarro

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